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Nuestra Capilla


LA NATIVIDAD

La pequeña capilla de nuestra comunidad está construida bajo el tinaco de la casa. Bajo las aguas que dan vida a la comunidad. Es por tanto muy acertado el motivo de la Natividad con el Bautismo.

Dónde nosotros nos encontramos a Cristo de manera segura y verdadera es a través del Bautismo. Afuera de la capilla habrá en su momento una estrella, la cual permitirá al fiel que siguiendo los signos de la vida, leyendo los signos en modo espiritual como lo hacían los Reyes Magos, siguiendo un razonamiento sabio y prudente llegar a la capilla.

En el Bautismo una vida muere, aquella que hemos recibido de nuestros padres, la cual está destinada a morir y muere; pero por la gracia de Dios la Iglesia nos ofrece una grande posibilidad de hacer morir ésta vida de inmediato. En las aguas del Bautismo es donde ésta vida se ahoga, y ahí encontramos otra Vida. Una estaba ligada a la sangre de nuestros progenitores y la Nueva Vida está ligada a la sangre de Cristo.

Nosotros recibimos precisamente la vida de Cristo. Y ¿Cómo es esto posible? “Dios se ha hecho hombre” Dios ha asumido la naturaleza humana. Dios ha comenzado a vivir como hombre para que nosotros pudiéramos vivir a modo de Dios. Porque este niño ha asumido toda la humanidad y por eso en el Bautismo nosotros descubrimos nuestra humanidad en la humanidad de Cristo. Y puesto que nuestra humanidad está destinada a morir, María pone al niño en el sarcófago, porque el nace para morir. Porque sólo de esta manera encontrará a la humanidad muerta. Toda la tradición iconográfica hace ver al niño en la tumba y por eso es envuelto como para la sepultura. Sin embargo, éste sarcófago tiene la forma de una fuente bautismal, porque ahí nosotros morimos, porque ahí él nos encuentra.

Hay una montaña. La montaña es el lugar donde Dios se revela, pero dentro la montaña hay una gruta y la gruta está oscura: es el mal, es el pecado, es la muerte y ahí es donde Dios se revela.

En la Natividad toda la creación participa en el acontecimiento extraordinario de Dios que se hace hombre y muchos elementos que se encuentran en el relato de la Natividad están representados aquí: María, José y el Niño Jesús, la gruta y los animales.

José, un poco alejado está reflexionando sobre lo que sucede con el nacimiento del niño. Por eso mira al cielo como preguntándose: ¿De dónde viene este niño? ¡Viene del Padre! Tiene en su mano un bastón. De la realeza de David ya no hay nada, sólo una rama seca, sin embargo, de la cual despunta un brote, hojas de color verde que recuerda la raíz de Jesé. La fidelidad de Dios es absoluta.

La Virgen está sentada sobre una montaña de tierra. La montaña es el lugar de la revelación de Dios que se ha revelado sumamente en María, su Madre, que es la cima de esta montaña. Dicha montaña se encuentra dentro de una cueva, que es el símbolo del abismo, del vacío, del mal, de la muerte, del pecado, de la no salvación, del desastre tras el pecado. Tenemos así una antinomia muy rica: en los abismos de la humanidad, donde el hombre ha encontrado la nada y la muerte como salario del pecado, allí está la montaña suprema de la revelación de Dios, que se manifiesta justo donde hay un hombre en pecado y la muerte. De hecho, descendió hasta allí. Los antiguos Padres, Gregorio de Nisa, por ejemplo, hablan del pesebre como lugar de pecado. Cristo es colocado precisamente en este pesebre. María está vestida con una túnica azul, color de la humanidad (El hombre es el único ser capaz de mirar al cielo azul) Y un manto rojo, color de la divinidad (En la iconografía tradicional el rojo recuerda a la sangre, la sangre contiene la vida y la vida le pertenece a Dios). María es una criatura humana revestida de la divinidad. En su manto lleva tres (dos en sus hombros y una en la frente) estrellas que nos recuerdan la Virginidad de María (antes, durante y después del parto).

La aureola o nimbo es un atributo figurativo usado en el arte sacra para indicar la santidad. El nimbo es el circulo de luz en torno a la cabeza, comúnmente de color oro. El oro representa la santidad y la fidelidad de Dios, es el material que mejor refleja la luz. Es el color más propio de Dios. Es por eso que la aureola de San José y la Virgen hacen ver ese pasaje del color blanco al color oro. Es decir, el proceso de divinización en el hombre.

Juan Carlos García Cruz S.deJ.