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La educación privada en México IV


Reflexión Final

Hemos partido de una breve síntesis histórica de la educación privada en México, después hemos señalado las tentaciones posibles en las instituciones educativas privadas, señalamos una breve reflexión sobre la importancia de educar a la persona y educar el sentido comunitario de la misma.

Finalmente quisiéramos concluir esta intervención sobre la educación privada en México haciendo un llamado a las distintas instituciones educativas para que incluyan en su misión, su visión y sus valores institucionales, una sólida Filosofía de la Educación, es decir, una seria reflexión de lo que entendemos por educar al hombre y la trascendente misión de la educación para la sociedad en su conjunto. Es bueno de ocuparse en preparar a los niños y adolescentes para los retos del mercado laboral y los grandes retos sociales que tendrán que afrontar, pero es indispensable que nuestros niños tengan una clara noción sobre la naturaleza y dignidad del ser humano, así como de la finalidad trascendente y de servicio del mismo.

La Iglesia Católica ha aportado en su magisterio ordinario, principios universales, sobre la naturaleza y la dignidad de la persona, sobre la extraordinaria misión de los maestros, sobre la responsabilidad de los padres de familia en la educación de sus hijos, sobre el sentido de la comunidad para la sociedad y el bien común de los pueblos, con el único fin de servir al bien de los hombres y al bien social.

La Iglesia además de evangelizar y catequizar ha educado: desde la primera escuela erigida por Fray Pedro de Gante, con la llegada de los doce misioneros franciscanos en 1524, la fundación del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco (el 6 de enero de 1536) y de la Universidad de México (el 25 de enero de 1553) hasta nuestros días, la Iglesia Católica ha sido motor de la educación en nuestro país. La obra de alfabetización emprendida por los religiosos se hizo en las lenguas de los naturales, lo que constituye un aporte innegable a la cultura de esta nación: para mediados del siglo XVI había cartillas para enseñar a leer en tarasco, castellano y náhuatl además de gramáticas en tarasco, tzeltal, zoque, chinanteco, náhuatl, zapoteco y mixteco[1].

Hoy la Iglesia católica aporta su fecunda vida espiritual, como un bien valioso en la configuración de nuestra identidad cultural y ante el gran reto para la educación tanto pública como privada, la cual es un proceso dinámico, que nunca estará acabado, pues somos peregrinos en este mundo, hasta el encuentro pleno con el gran educador, Jesucristo, Maestro y Salvador.

  1. Carlos Balderas, S. de J.

[1] Ibid no. 26