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Nuestro Proyecto Educativo


El Instituto Miguel de Cervantes fue fundado por la comunidad de los Siervos de Jesús en el 2004, y desde su fundación ha tenido presente tres puntos de referencia que han constituido su ser mismo:

  • La excelencia académica
  • Transmitir la fe cristiana a través de una espiritualidad católica inspirada en san Ignacio de Loyola
  • La Implementar el proyecto pedagógico Pierre Faure.
  • La excelencia académica: No puede ser de otra forma, esto es una escuela y como tal, cada día nos esforzamos más en mejorar nuestro nivel de estudios en todos los ámbitos de la formación. Procuramos dar a nuestros profesores las herramientas necesarias para que cumplan bien con su trabajo.
  • Es una escuela católica: El Instituto Miguel de Cervantes ofrece formación integral, y no sería tal si faltara el aspecto espiritual que es fundamental para sostener cualquier propuesta que busque formar integralmente a sus miembros, puesto que la dimensión trascendente de la persona no la podemos negar, forma parte de su ser mismo. En este sentido no basta ensañar valores, no basta trasmitir la verdad del hombre y de la realidad en sus diferentes ámbitos con objetividad, es necesario también comunicar la razón última de estas verdades; es decir, el hecho de que todo ello proviene del amor infinito de Dios que nos ha creado y redimido en Jesucristo a través de su muerte y resurrección. Estamos convencidos que la fe no es algo añadido, algo sobrepuesto, algo decorativo que podría estar o no; sino más bien el fundamento último que le da consistencia firme al resto del proyecto educativo que implementamos en este colegio.
  • El proyecto pedagógico Pierre Faure: La manera concreta para llevar a cabo esa formación integral en los niños y jóvenes de nuestro Instituto nos lo ha otorgado este proyecto pedagógico que hemos venido implementando desde los inicios de esta Institución: Este proyecto, propuesto por el P. Pierre Faure, sacerdote jesuita francés y pedagogo de profesión que muere en los años 80’s, busca formar personas concretas considerando todas sus dimensiones, en donde lo que el niño y el adolescente descubren por sí mismo es más importante que aquello que el maestro pueda enseñarles sin más; en este sentido el maestro se convierte más en un guía que busca hacer crecer lo que el estudiante puede dar de acuerdo a sus capacidades específicas.

Se trata de educación personalizada y comunitaria, centrada en la confianza hacia el estudiante, en sus posibilidades y en valorar lo que puede hacer por sí mismo, pues el estudiante tiene la capacidad de descubrirse y reconocer sus propias habilidades. Es un proyecto que le da oportunidad al estudiante de crearse el hábito de la investigación y de la responsabilidad, valorándose a sí mismo, su trabajo y el de los demás.

El estudiante en Pierre Faure debe aprender a ser consciente de su aprendizaje, a visualizar en dónde se encuentra y a dónde quiere llegar, siendo libre y consciente de las consecuencias de sus actos y decisiones. Debe reconocer la existencia del otro para que juntos formen una comunidad. Desde esta perspectiva, el maestro orienta el trabajo del estudiante mediante guías dirigidas a un conocimiento específico e interviene observando el trabajo del alumno auxiliándolo sólo cuando este lo necesita o lo solicita. Con esto cabe mencionar que la observación por parte del maestro es un trabajo fundamental, ya que de esta manera puede identificar y comprender la situación de aprendizaje de cada estudiante y así buscar la forma de resolver sus necesidades específicas.

Asimilar el proyecto Pierre Faure implica libertad con responsabilidad. El alumno tiene la responsabilidad de elegir su lugar, su material, su trabajo, su ritmo, siempre en el contexto determinado del programa a cumplir dentro de las exigencias académicas. El maestro como guía acompaña al estudiante a buscar un progreso, una mejora, un crecimiento. Lo acompaña a conquistar la libertad suprema, que consiste en que las cosas que “debe” hacer el niño o el adolescente, las haga porque las “quiere” hacer. Y el mejor medio para conquistar esa libertad es el amor. Amor con mayúscula, que ayuda, busca el bien, que comprende y escucha. El maestro se convierte en un personaje discreto, ya que el verdadero actor de todo el aprendizaje es el niño o el adolescente.

Son cuatro los elementos fundamentales para que se de la educación personalizada y comunitaria y que están presentes en nuestros ambientes educativos del Instituto Miguel de Cervantes:

  • La acogida – Recibir al niño, que se sienta tomado en cuenta, “leer su exterior para descubrir su interior”.
  • El trabajo personal – A través de guías concretas de estudio elaboradas por el maestro de acuerdo a las circunstancias específicas de los estudiantes, acompañadas de material pedagógico presente en los salones.
  • La puesta en común – Guiada por el maestro, crea sentido de comunidad.
  • La toma de conciencia – Su objetivo es hacer crecer al estudiante, se trata de la reflexión sobre el propio trabajo de la jornada, y también sobre el trabajo del grupo, con el objetivo de superar dificultades, mejorar la organización del trabajo. Ayuda a “aprender a aprender”, es decir, encontrar sentido a lo que se hace.

Estos elementos tienen como objetivo acompañar al niño y adolescente a descubrir por sí mismo aquello que él debe aprender con la ayuda del maestro-guía que lo acompaña.

Con todo esto, entonces, formamos personas que sean capaces de ponerse al servicio de los demás, no sólo con su capacidad intelectual, sino precisamente entregándose con toda su persona en el servicio que cada uno desempeñe según su propia vocación, dando lo mejor de sí de acuerdo con sus capacidades específicas, mismas que deseamos que nuestros estudiantes descubran y desarrollen.

Formamos personas que sean destacados estudiantes y después competentes profesionistas, y sobre todo que sean mujeres y hombres justos e íntegros que contribuyan desde sus circunstancias de vida a la creación de una mejor sociedad. Estamos convencidos que nuestros ambientes podrán cambiar si formamos los corazones de los niños y jóvenes y no sólo su capacidad intelectual.

Con esto, buscamos cumplir con nuestra misión: “Hacer crecer lo mejor de las personas para ponerlo al servicio de los demás”, a través de la formación integral, para formar una mejor sociedad desde el propio ambiente de la persona.

Deseamos que nuestros estudiantes sean creativos y decidan por sí mismos. Esta formación integral incluye lo físico, lo artístico y lo cultural y sobre todo, la formación humana y espiritual además de lo académico e intelectual.

Para poder participar e influir en este crecimiento de los niños y jóvenes contamos con las secciones de pre-escolar, primaria, secundaria y preparatoria. De esta manera podemos acompañar a nuestros estudiantes en su proceso de maduración personal, desde pequeños hasta su mayoría de edad, para poder formar personas íntegras que sean capaces de ponerse al servicio de los demás.

Todo esto forma parte del Instituto Miguel de Cervantes, donde lo más importante son las personas. Deseamos continuar construyendo este hermoso proyecto educativo y queremos iniciar este nuevo ciclo escolar con grande ánimo y liberalidad (como decía san Ignacio de Loyola), es decir, con generosidad, con alegría en el cumplimiento de lo que a cada uno le toca buscando la simplicidad en el proceder, buscando siempre el bien concreto de los demás. Vale la pena el esfuerzo. Trabajemos juntos para lograrlo.

P. Miguel R. Ortiz, SdeJ

Director General IMC